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La multitud de la Rambla, la reverberación de una flauta en el silencio del Barrio Gótico medieval, las brillantes fachadas en colores de Art Nouveau, los diseños en vidrio y acero en las piedras romanas: de una manera o de otra, aunque siempre de modo inventivo, Barcelona encontrará un modo de llamar totalmente su atención. La capital catalana está en ebullición en el nuevo milenio en la angustia de un renacimiento cultural e industrial comparable solo al de la Renaixença del final del siglo XIX que llenó la ciudad con la arquitectura modernista (Art Nouveau). Entre el Mediterráneo y las colinas de Collserola y el puerto más lleno de Europa, Barcelona ha ganado el puesto de la ciudad más visitada en España, una obra maestra de 2000 años de perpetua novedad.
La paleta de la ciudad es viva y multicolor: el brillo del vidrio de color en la penumbra del Barri Gòtic; las fachadas onduladas en mosaico de Gaudí¿, el mayhem cromado en el Palau de la Música Catalana, el ahora azul universal y grana de las estrellas de Miró. Luego, claro, está la localización de la ciudad, entre los promontorios de Montjuïc y Tibidabo, entre las colinas de Collserola y el puerto de 16 km2. Obsesionado por las interpretaciones radicales y juguetonas de todo, desde pintura hasta el desarrollo y el diseño urbano, Barcelona se sorprende de su propia búsqueda constante por emoción y auto renovación.
El "boom" actual de Barcelona empezó el 17 de octubre de 1987, cuando Juan Antonio Samaranch, presidente del Comité Olí¿mpico Internacional, anunció que su ciudad nativa habí¿a sido elegida para recibir los Juegos Olí¿mpicos de 1992. Ese único hecho permitió que la llamada "segunda ciudad" de España se librase de la sombra de Madrid y de los 40 años de "exilio interno" del régimen de Franco y volviera a ocupar su lugar de derecho como uno de los destinos más dinámicos de Europa. No solo la administración catalana logró millones en subsidios del gobierno español para los Juegos Olí¿mpicos, sino también utilizaron los juegos como una plataforma para mostrar la identidad nacional y cultural de Cataluña a todo el mundo. ¿Qué España? Llamar Barcelona de segunda ciudad en cualquier parte es jugar con fuego; la España moderna ha sido siempre fundamentalmente bicéfala, aunque los números oficiales siempre cuentan las afueras de Madrid, pero no las de Barcelona, para dar la idea de que la capital catalana era poco más que un puerto provincial.
Mucho más mediterránea que española, históricamente más cerca de Marsella o Milán que de Madrid, Barcelona siempre ha sido ambiciosa, decididamente moderna (aun en siglo II) y rápida en aceptar las innovaciones más recientes. Su forma democrática de gobierno está arraigada en las llamadas Leyes Usatges instituidas por Ramón Berenguer I en el siglo XI, que formó una constitución. Este código de privilegios representó uno de los primeros ejemplos conocidos de reglas democráticas, mientras que el Consell de Cent (Consejo de los 100) de Barcelona, formado en 1274, fue el primer parlamento de Europa y es la verdadera cuna de la democracia occidental. Más recientemente, el sistema de luz eléctrica, el de gas público y el de teléfono de la ciudad estaban entre los primeros del mundo. El centro de un importante imperio comercial y marinero con colonias por el Mediterráneo tan lejos como Atenas, mientras Madrid todaví¿a era un reducto moro abandonado en la estepa de Castilla, Barcelona tradicionalmente absorbí¿a antes nuevas ideas y estilos. Sea por los moros, que trajeron las herramientas de navegación, los filósofos y revolucionarios de la vecina Francia con las ideas de la Revolución Francesa o artistas como Picasso y Dalí¿, que florecieron en el aire de libertad e individualismo de la ciudad, Barcelona siempre ha sido una ley.
Barcelona es un banquete para todos los gustos, aunque, tal vez, sobre todo para los más visuales. Pero no quedan detrás los placeres de los gustos, puesto que los deleites órficos están prosperando como nunca. La temperatura del aire está casi siempre buena, más y más calles son peatonales y tabernas y más tabernas aparecen elegantemente en las murallas medievales. En todas las partes, el olor a mar en el puerto o en la Barceloneta le hace recordar que, a pesar de todo, es un puerto gigante y una ciudad costera con una tradición mediterránea antigua, en la entrada de su tercer milenio, próspero - y encantando a los turistas como hace siglos.
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