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By Mario Goren

Resumen

SER CONCH ES UN ESTADO MENTAL y una condición del corazón, y le roba el alma. Muchas personas en los Cayos de Florida usan ese slogan con orgullo, pero en realidad lo que implica es un estilo compartido de vida. Hacia el Sur, Key West tiene una atmósfera que es una mezcla de Mardi Gras, con Festivales de Fantasía, concursos estilo Hemingway y la ocasional amenaza de separación de la Unión. Es una isla en la cual el carácter de fusión permite a los nativos rudos mezclarse (en forma más o menos pacífica), con artistas excéntricos y escapistas, quienes cariñosamente llaman "Paraíso" a este banco de arena de 6.4 km/4 millas). A pesar de que la vida en el resto del archipiélago no es un poco más convencional, podría decirse que es igualmente variada. Junglas florecientes, mares titilantes e islas rodeadas de manglares están por el contrario, sobrecargadas. El turismo afluente y una creciente población, han contaminado las playas con aguas negras y una congestión de tráfico a lo largo de 117 km (110 millas) bordeados por vallas llamativas, restaurantes de comidas rápidas estilo Burger Barn, zonas comerciales, moteles y campamentos para vehículos de remolque. Desafortunadamente, en los Cayos no se puede tener el uno sin el otro. El río del tráfico turístico sale a raudales en la U.S. 1 (conocida también como la Overseas Highway), principal arteria que une a las islas deshabitadas. Los residentes del Condado de Monroe viven a través de desviar el flujo de dólares del río a sus bolsillos. En el proceso, la frágil belleza de los Cayos o al menos 45 que están deshabitados y se unen a tierra firme por medio de 43 puentes, están pagando un alto precio ambiental. Arriba, más cerca al continente, se encuentra Key Largo, el cual cada vez se congestiona más al evolucionar en una comunidad de habitaciones y escondites de fin de semana para los residentes de Miami y Fort Lauderdale. Abajo, 170.5 km (106 millas) al Suroeste, está Key West, donde cientos de pasajeros de muchísimos barcos cruceros invaden sus estrechas calles en búsqueda de la mejor ganga en camisetas.

A pesar de que en 1975 se le designó como "una zona de preocupación de importancia crítica para el Estado" y una posterior desaceleración en su desarrollo por mandato estatal, el crecimiento ha continuado y los recursos naturales de los Cayos continúan en peligro. En 1990, el Congreso estableció el Florida Keys National Marine Sanctuary, que abarca 7,552 kilómetros cuadrados (2,800 millas cuadradas) de aguas territoriales. Adyacentes a la tierra firme de los Cayos se encuentran, entornos marinos espectaculares, únicos y de importancia nacional, que incluyen praderas de pastos marinos, islas de manglares y extensos arrecifes de coral. Estos frágiles ambientes dan apoyo a ricas y variadas comunidades biológicas ampliamente conservadas que tienen valores recreativos, comerciales, ecológicos, históricos, investigativos, educativos y estéticos. El santuario protege los arrecifes de coral y la calidad del agua, pero los problemas siguen presentándose. La creciente salinidad de la Bahía de Florida hace que grandes áreas de pasto marino mueran y floten en bloques hacia la bahía. Posteriormente, estos bloques hacen que la luz del sol no llegue a los arrecifes, reduciendo su crecimiento y amenazando en términos generales, tanto la pujante economía recreativa como el turismo en los Cayos.

En el 18-Mile Stretch, como se le conoce, se está construyendo un puente largo, una barrera central de concreto, una capa firme de carretera y un sistema de atarjeas para la fauna y flora silvestres. El proyecto con una duración de cuatro años implica ocasionales cambios del tráfico a un sólo carril, entre las 9 PM y las 5:30 AM, domingo a jueves. Otras amenazas para el encanto de los Cayos surgen en forma amenazadora. La expansión a cuatro carriles de la U.S. 1 hacia el continente abrirá el desbordamiento de mayor tráfico, población y turismo. Los observadores se preguntan si los cuatro carriles del resto de la U.S. 1 en todos los Cayos puede estar muy distante todavía. Sin embargo, disfrute por ahora mientras conduce por la U.S. 1 a lo largo de las islas. Mire el plateado y azul verdoso Atlántico y sus arrecifes aún con vida, la Bahía de Florida, el Golfo de México y a su derecha el continente (los Cayos se extienden de Este a Oeste desde él). En ciertos puntos, el océano y el golfo están separados tanto como 16 km (10 millas) uno del otro. No obstante, en la mayor parte se encuentran entre 1.6 y 6.4 km (1 y 4 millas) aparte, y en las islas más angostas están separados solamente por una carretera. Intente salir de la autopista. Cuando lo haya logrado, alquile un bote, ánclelo y entonces pesque, nade o maravíllese con el sol, el mar y el cielo. En el Atlántico, sumérjase en medio de espectaculares arrecifes de coral, o persiga un mero, un pez aguja azul y otros de pesca en aguas profundas. A lo largo de la línea costera de la Bahía de Florida, vaya en kayak y canoa a apartadas islas y bahías, o busque lisa francesa, pargo, róbalo y sábalo que se esconden en las planicies de pasto y en los canales poco profundos y ondulantes del interior.

Más de 600 clases de peces habitan en los arrecifes e islas. Diminutos ciervos y pálidos mapaches del Cabo, emparentados con sus primos del continente, habitan en los Cayos Bajos. Y en todas las islas encontrará plantas de las Indias Occidentales tan exóticas como el cornejo jamaiquino, el úcar, el metopium, hoja de plata, y palmeras plateadas y de paja, así como aves tropicales, entre las que se encuentran la gran garza blanca, el cuclillo de manglar, el espátula rosada y la paloma coronita. Los manglares, con sus graciosas raíces apuntaladas, parecen marchar hacia el mar. Día tras día agregan afanosamente más Cabos al archipiélago. Prácticamente sin contaminación ni elevaciones que obstruyan la vista, los atardeceres son un espectáculo puro e inalterado que atrae todas las tardes a miles de personas al puerto, a los muelles, restaurantes, bares y resorts de todos los Cabos. Otra atracción es el clima: el invierno generalmente es -12ºC (10°F) menos frío que en el continente y en el verano es -12ºC (10°F) más frío. En los Cabos también llueve mucho menos, alrededor de 30 pulgadas al año, en comparación con el promedio de 55 a 60 pulgadas en Miami y los Everglades. Gran parte de la lluvia cae en forma de aguaceros rápidos en las tardes de verano, excepto en junio, septiembre y octubre, cuando las tormentas tropicales pueden hacer que llueva entre dos y cuatro días seguidos. Las olas de frío invernal ocasionalmente caen sobre los Cayos, bajando las temperaturas en la noche hasta máximo 4.4ºC (40ºF).

Hasta principios del siglo XX, los Cayos estaban escasamente poblados. No obstante, en 1905, el magnate de los ferrocarriles Henry Flagler, comenzó la construcción de la extensión de su ferrocarril de Florida hacia el Sur desde Homestead hasta Key West. Su objetivo era establecer una línea de ferrocarril de Miami a Key West que llegara a sus barcos de vapor que zarpaban de Key West y Habana, justo a 155 km, (90 millas) por los Estrechos de Florida. El ferrocarril llegó a Key West in 1912 y se conservó como ruta comercial de gran importancia hasta que el huracán que azotó el lugar el Día del Trabajo de 1935 erosionó gran parte de su subsuelo. El Overseas Highway, construido sobre el subsuelo y los puentes del antiguo ferrocarril, se terminó de construir en 1938.

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