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La salida y puesta del Sol son ambos dignos de esperar cuando usted se encuentra en Puerto Rico. Los rosados y amarillos que cuelgan en el cielo de las mañanas son sólo tan convincentes como el vigoroso rojo y púrpura que se confunde con el crepúsculo. Es fácil compararlos, cuando Puerto Rico es la más pequeña de las Antillas mayores. Con 177 kms de longitud y 56,3 kms de ancho, usted puede, con facilidad, desayunar en Fajardo, encaminarse hacia el Este sobre una embarcación capitaneada hacia encantadoras islas como Vieques y Culebra, y luego saciarse en una cena con langosta en Rincón mientras el Sol se sumerge en el agua azul negruzca. Eso le permite entre tanto explorar la costa Sur, o quizás detenerte a observar la fantástica estación de bomberos en Ponce o la encantadora capilla colonial en San Germán.
Conocida como la Isla del Encanto, Puerto Rico con certeza lo pondrá bajo su hechizo. Aquí, el tráfico verdaderamente lo conducirá a la "Carretera al Paraíso", si usted está buscando un agradable y alegre escape de los confines de la urbanidad o una enriquecedora fuente de estimulación para aplacar sus ansias culturales y de entretenimiento. En la isla usted tiene lo mejor de ambos mundos, el natural y el urbano se emocionan del mismo modo; y aunque la vida citadina es lo bastante frenética para hacerle olvidar que las aguas azules y la arena caliente le rodean, viajar unos cuantos kilómetros hacia el interior o hacia la costa puede fácilmente hacerle olvidar que está rodeado de desarrollo y urbanización.
Puerto Rico fue poblado inicialmente por Indios Taínos cuando Cristobal Colón tocó tierra en 1493. En 1508 Ponce de León estableció una colonia y se convirtió en el primer Gobernador y en 1521 fundó lo que es conocido como Viejo San Juan. Durante siglos, mientras africanos trabajaban en los campos de caña de azúcar del litoral, franceses, alemanes e ingleses trataron infructuosamente de arrebatarle la isla a los españoles. En 1898, como consecuencia de la guerra español-americana, España cedió la isla a los Estados Unidos. En 1917, los puertorriqueños se convirtieron en ciudadanos americanos, y en 1952 Puerto Rico se convierte en República semi-autónoma.
Desde la década de los 50 del siglo pasado, Puerto Rico se ha desarrollado exponencialmente, como testigo en la organización urbana, un comercio floreciente y una población creciente (estimada en 4 millones aproximadamente); aún, en la isla con un fuerte sentido latinoamericano de comunidad y predominio familiar. Los Puertorriqueños están intensamente orgullosos de su exclusiva combinación de patrimonios.
La música constituye otra fuente de orgullo puertorriqueño. Como las flores silvestres, vellonera (tocadiscos tragamonedas) aparecen en cualquier parte, y cuando uno está tocando, otro está cantando o bailando cerca--- o ambas cosas. Los vehículos vibran con reggaetón, un fuerte y monótono ritmo con letras que expresan el malestar social. La salsa, fusión de percusión de África Occidental, jazz y otros ritmos latinos, constituye el baile característico. Aunque la salsa pudiera parecer difícil de dominar, todo se basa en soltar o relajar las caderas. Usted pudiera desinhibirse saliendo a las discotecas y a la vida loca apoyado por la estrella del pop Ricky Martin. Opciones de la vida nocturna están dentro de la variedad disponible en el ambiente metropolitano---y mucho más que esto.
Durante el día usted podrá apropiarse de la cultura del Viejo Mundo, una de las más ricas experiencias visuales en Puerto Rico es el Viejo San Juan. Originalmente construida como fortaleza por los españoles a comienzos de la década de 1500, la antigua ciudad tiene un gran número de atracciones que incluyen edificaciones reconstruidas del siglo XVI y viviendas de 200 años de existencia con balcones con balaustres y filigranas de hierro forjado que miran hacia las estrechas calles de adoquines. En las tradiciones españolas son también distintivos los festivales rurales celebrados en honor de los patronos del poblado. Para una tranquila relajación o más aventuras en los lugares aislados, visite las plantaciones de café, ciudades coloniales o islotes periféricos donde la vida nocturna es prácticamente inexistente.
Y por supuesto, usted no vendrá a una Isla Caribeña sin visitar algunas de sus maravillas naturales y disfrutar de los rayos solares. En las áreas costeras, el Sol dora su piel suavemente, y usted podrá curarse inmediatamente por las suaves olas y frescas brisas. En las nebulosas montañas, usted podrá maravillarse con el parpadeo de las luciérnagas y el cielo estrellado mientras las coquís (diminutas ranas locales) cantan sus dulces y legendarias canciones. En las noches sin luna, el cálido océano se transforma en reflejos de agua azul luminosa sobre su piel. Además la isla cuenta con muchos acres de campos de golf, varios campos de tenis, bosques tropicales, y cientos de playas que le ofrecen la oportunidad de practicar un sinnúmero de deportes acuáticos.
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