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La primera impresión es que no hay un superlativo que sea demasiado vasto para capturar la escala épica de esta ciudad de 12 millones --o 14, o 16, nadie sabe con certeza-- que se desparrama en toda dirección. El tráfico, la gente, el ritmo caótico del Cairo en conjunto confirman esta impresión y amenazan con apabullar al visitante. En muchos sentidos, el Cairo es la proverbial aldea que se creció, llena de distritos y comunidades que se sienten mucho más íntimas que la ciudad que las abarca.
Como tantas cosas en Egipto, el encanto del Cairo es producto de su historia; su red de distritos y comunidades es el remanente de mil años de ser conquistados y reconquistados por distintos grupos. Realmente, como se podría esperar, la ciudad no comenzó con los faraones; ellos se alojaban en las cercanas Menfis y Heliópolis, áreas que sólo recientemente fueron alcanzadas por la expansión urbana del Cairo.Las Pirámides de Giza, ubicadas en la ribera occidental del Nilo, desorientan al ojo que busca los orígenes del Cairo porque ésta siempre ha sido una ciudad de la ribera oriental, si bien una que se corrió hacia el Occidente porque la sedimentación hizo que el mismo Nilo se corriera en esa dirección. Sólo en los últimos 40 años la ciudad se ha movido más rápido que el río, saltando de una riberas a otra en nuevos suburbios sin fin sobre la ribera occidental.
No, la historia del Cairo comienza con una estación comercial romana que se llamaba Babilonia --referida hoy como el Cairo antiguo o copto-- en la boca de un vetusto canal que conectó alguna vez el Nilo con el Mar Rojo. Mas fueron los invasores árabes del siglo VII d.C. que, se puede decir, fundaron la ciudad que hoy conocemos en su campamento en Fustat justo al norte del Cairo antiguo.Bajo el gran líder 'Amr Ibn al-As, los árabes se tomaron la tierra que ya había sido ocupada por los griegos, los persas y los romanos. Y en el milenio siguiente a la conquista de 'Amr, la ciudad fue gobernada por los fatimíes (969-1171), los mamelucos (1250-1517) y los otomanos (1517-1798), experimentando luego 150 años de administración colonial francesa e inglesa hasta la revolución de 1952 que devolvió el poder a manos egipcias.
Pero lo que hace único al Cairo es que cada nuevo gobernante, en vez de destruir lo que había conquistado, optó por construir una nueva ciudad más allá de la antigua. Por lo tanto, si se mira desde arriba sobre el Nilo, se puede seguir la progresión en forma de interrogación desde el centro histórico del Cairo, dando la curva al Norte a través de Fustat, hacia Oriente al Cairo islámico y luego hacia Occidente al distrito central colonial hasta llegar a Maydan Tahrir (Plaza de la Liberación) donde por el momento se ha asentado.Pero la ciudad se sigue expandiendo, amenaza con reubicar su centro otra vez, quizá a la Maydan de la Esfinge o Boulaq o alguna parte en Giza.
Los distritos de Cairo han cambiado, obviamente, desde la época en que se fundaron, y con 10 millones de nuevos residentes que han llegado desde la revolución de 1952, muchos distritos nuevos han crecido en torno a ellos.Aun así, cada distrito retiene una identidad distintiva, no sólo en sus edificaciones sino también entre sus residentes y su forma de vida. La Babilonia preislámica es, hasta el día de hoy, una área desproporcionadamente cristiana, con más cruces visibles que medias lunas.La localidad medieval del Cairo islámico todavía es donde van las familias tradicionales durante el Ramadán para pasar la noche comiendo y fumando después de un día de abstinencia. De hecho, una de los deleites del Cairo es que sus áreas históricas son todavía espacios de vivienda vitales y no museos al aire libre. Aquí el pasado es más un estado mental que un hecho histórico --y eso, en últimas, es lo verdaderamente apabullante de la ciudad.
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