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Katmandú viste su pasado como una diva orgullosa que exhibe un collar de perlas: Es hogar de docenas de santuarios y templos y de una ciudadanía merecidamente orgullosa de su glorioso pasado artístico. Los artesanos aún crean hermosos trabajos en madera, en metal y artesanías utilizando técnicas y herramientas antiguas.
Durante miles de años Katmandú fue una de las tres ciudades reales rivales de Nepal, junto con Bhaktapur y Patán. Katmandú ha sido la única ciudad capital desde que Prithvi Narayan Shah unificó al país en 1768. En la actualidad, esta ciudad, que alberga 700.000 personas, es como una paleta de pintor que despliega saris coloridos y brillantes, y una cacofonía de idiomas y dialectos que discuten precios en voz alta, mientras que las motocicletas, los camiones, autobuses y autos pasan zumbando.Cada calle huele a una clase distinta de curry, a un nuevo incienso. Es un valle vibrante de vida, donde usted puede detenerse en cada calle de la ciudad y observar cómo se despliegan cientos de minidramas.
Según cuenta la leyenda, Katmandú fue fundada por el rey Gunakama Deva hacia el final de la segunda mitad del siglo X. En un sueño, la diosa Mahalakshmi le dijo al rey que construyera una ciudad donde el Vishnumati confluye en el Bagmati.A la nueva ciudad se la llamó Kantipur y se la construyó con forma de kharg (la espada de la diosa), que era un símbolo de iluminación espiritual. El rey trasladó su palacio desde Patán hacia Katmandú y estableció la ciudad. Los Mallas más tarde construirían templos en esta ciudad, pero no fue sino hasta la llegada de Prithvi Narayan Shah que Katmandú realmente tomó el control. Se construyó una calle amplia, Kantipath, a cuya vera se edificaron palacios, escuelas y barracas. Los Ranas construyeron más palacios en el siglo XX, pero muchos fueron destruidos en un terremoto masivo en 1934. Luego del terremoto, se construyó New Road, que une Kantipath con la Vieja Katmandú, una ruta que los taxistas todavía toman para llegar a Durbar Square.
Para muchos viajeros, Katmandú es el camino hacia el Himal. Estas montañas han inspirado, aplastado, atemorizado y doblegado a alpinistas de todo el mundo y quizás sean el tesoro más valioso de Nepal. Con ocho de los diez picos más altos del mundo, el Himal domina Nepal. Ellos llenan los ríos con agua que sustenta la vida, no obstante, aplastan poblados con los deslizamientos que a menudo le siguen a las tormentas. Cuando las nubes cubren los picos, la gente del lugar parece sumirse en una depresión, como si un amigo fiel se hubiera marchado. Cuando el cielo está despejado, los visitantes, que en sus casas suelen maldecir al despertador, se levantan antes del amanecer para esperar que los primeros rayos de sol les permitan vislumbrar los gigantes de piedra.
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