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Yo, Rigoberta Menchú
En 1992 el Premio Nobel de la Paz le fue otorgado a la escritora guatemalteca Rigoberta Menchú, criada en la pequeña aldea del altiplano de San Miguel Uspantán. Menchú nació en 1959, justo antes de que una serie de dictadores militares usurparan el control de Guatemala por 43 años llenos de guerra. Creció como decenas de oposición y grupos guerrilleros, para hacerles resistencia. Junto con muchos de los miembros de su familia, Menchú se opuso a la dictadura con manifestaciones pacíficas que involucraron a campesinos de diversas regiones. Cuando ella fue eventualmente forzada al exilio, continuó su oposición al régimen militar de Guatemala logrando la atención internacional sobre el régimen represivo.
En 1983 publicó su testimonio, Yo, Rigoberta Menchú: Una mujer indígena en Guatemala, y la difícil situación de los pueblos indígenas de Guatemala -- y la brutalidad del régimen militar -- fue revelado con minuciiosidad desgarradora. En su libro, la Menchú describe la pérdida de dos hermanos por desnutrición, en una plantación de café y el arrasamiento de su pueblo por los que iban tras la rica tierra. Lo que más perturba, es la historia que cuenta la Menchú sobre el tercer hermano, quien fuera secuestrado por el ejército, torturado y luego quemado vivo.
En 1999 el antropólogo americano David Stoll, cuestionó lo que contaba la Menchú con la publicación deRigoberta Menchú y la historia de todos los pobres guatemaltecos. Su investigación sugiere que el conflicto sobre las tierras de la aldea de la Menchú fue en realidad una larga disputa entre el padre de ella y sus parientes políticos y que, si bien el hermano de la Menchú fue, sin duda, secuestrado, torturado y asesinados por los militares, lo más probable es que no se hubiera llevado a cabo en la forma que la Menchú había sugerido. Aunque todavía es un poderoso símbolo de los derechos de los indígenas, la Menchú es ahora vista por algunos con incredulidad. No pocos han pedido que se le revocara su Premio Nobel.
Haya sido o no la Menchú un testigo presencial de los acontecimientos que se describen, es indiscutible que cientos de trabajadores indígenas, en especial los niños, mueren de enfermedad, desnutrición, abusos indiscutibles en las plantaciones. También está claro que los militares cometieron innumerables actos de brutalidad, incluídas las ejecuciones públicas, en todos los poblados del país. En 1998 la Comisión Guatemalteca de la Verdad, patrocinada por las Naciones Unidas, denunció la actuación del ejército durante la guerra civil como genocidio. Aunque algunos sostienen que lo que cuenta la Menchú no era enteramente suyo, sino que se incluyeron otros incidentes sufridos por hombres y mujeres indígenas, no desvirtúa el horror de lo ocurrido. Si ella incluyó experiencias de otros para llamar la atención sobre un conflicto del que la comunidad internacional ha hecho caso omiso durante más de 20 años, sostienen, quién puede culparla en realidad?
Stoll mismo admite que la Menchú está fundamentalmente en lo cierto acerca de la brutalidad del ejército, aunque él lo rebaja considerablemente, no hay duda de que refuerza la más dudosa afirmación de su propio libro: de que es la guerrilla, no los generales en el poder, los responsables de provocar la violencia política en el altiplano. Pero será por el desprestigio de Rigoberta Menchú por lo que será recordado y que lo incriminará para siempre entre los criminales de guerra en Guatemala, de los cuales muchos aún mantienen una vida pública. Stoll puede reclamar que está jugando al abogado del diablo, pero en ese caso, el diablo realmente no necesita su ayuda.
-- Gary Chandler